Echando un vistazo a mi alrededor, en el momento actual en el que nos encontramos, veo tecnología y más tecnología. Es difícil subir al autobús que te lleva a la Universidad y no ver a alguien escuchando música desde su mp3, Smartphone o un móvil cualquiera. También es difícil no ver a alguien conectándose a Internet de camino a sus quehaceres diarios, quizá actualizando su cuenta en las diferentes redes sociales, quizá leyendo el correo o quizá ojeando algún periódico digital para ponerse al día de lo que ocurre en el mundo.
Por tanto, con este panorama, mi futuro como usuario de las herramientas tecnológicas no puede ser menos que aceptable, ya que el ritmo evolutivo fugaz al que estamos siendo expuestos no permite despistarse por mucho tiempo, debido a que se corre el riesgo de quedar desfasado o convertirnos en analfabetos digitales.
Hace unos cuantos años eran tan sólo unos pocos los que podían disfrutar de conexión a Internet desde sus casas. Ya hoy son muchos los que disponen de este servicio y en poco tiempo será la gran mayoría quien posea esta instalación en sus hogares. Con esto no quiero decir que quien no introduzca Internet en sus casas no va a estar a la moda o va a estar desactualizado, pero sí que es verdad que tendrá menos acceso a la información rápida e instantánea, a pesar de que pueda tener conectividad desde otros lugares como puede ser el trabajo. Al igual que hemos pasado de lavar a mano a hacer uso de la lavadora, pasaremos a normalizar el hecho de que en la mayoría de las viviendas sea posible tener acceso a Internet.
Por otro lado, no soy muy partidario de hacer compras por la red, pero poco a poco voy asumiendo que en el futuro, por comodidad y ahorro de tiempo, haré uso de esta posibilidad en aquellas páginas que sean seguras, aunque lo compaginaré con el método tradicional que se acabará convirtiendo en una alternativa a la rutina telecomunicativa. Porque creo que estaré muchas horas delante del ordenador e intentaré sacarle todo el partido posible sin tener que moverme de casa, pero de vez en cuando sé que me vendrá bien salir y actuar como lo hacía antaño.
En definitiva, el futuro se antoja muy tecnológico: televisión táctil desde donde se podrán hacer compras instantáneas, acceso a Internet desde el móvil, incrementar mi formación profesional desde casa, etc. Es la realidad del siglo XXI y, o te subes al barco, o te quedas en tierra.
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