LA LÍNEA DEL TIEMPO

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miércoles, 11 de enero de 2012

REFLEXIÓN ELABORADA A PARTIR DEL TEXTO DE JORDI ADELL Y DEL INFORME FINAL


Algo está cambiando en la escuela. Nos encontramos en un período de transformación en el que están apareciendo nuevos modos de enfocar el tándem enseñanza-aprendizaje. La irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en el contexto escolar apresuran la actualización en todos los ámbitos del mismo: docencia, alumnado, recursos metodológicos, agentes externos… En esta reflexión el foco estará dirigido al profesorado, siendo éste una parte fundamental del proceso educativo y considerando su actitud determinante para la adaptación de las nuevas tecnologías al currículo, independientemente de la función que dentro del mismo se les quiera atribuir.
La actividad docente lleva intentando adaptarse a las circunstancias de su tiempo desde que fue conferida hace ya muchos años, otra cosa muy distinta es que lo haya conseguido. En otras disciplinas, como la medicina, la evolución y el progreso se hacen evidentes comparando las actividades que se hacían en otra época con las que vienen produciéndose en la actualidad. Por ello, y dada la importancia de la educación en la sociedad, el estancamiento y aplicación compulsiva del libro de texto como estandarte de la figura del maestro, debe dejar paso (o por lo menos ser compaginado) a nuevos métodos, nuevos recursos, formas diferentes de trabajar el hecho educativo. Aquí es cuando entran en juego las TIC.
Habitualmente el docente ha sido considerado como fuente única e infalible de información, relegando a un segundo plano la figura del alumno. Siguiendo este modelo, se ha tenido la idea de que el aprendizaje del segundo depende exclusivamente de él mismo y que el primero tenía que cumplir su misión meramente transmisora. La producción del fracaso escolar no se veía influenciada en ningún aspecto por el profesor, él ya hace su trabajo. La revolución en el pensamiento de los últimos tiempos, donde ambos son parte esencial del proceso educativo, sumado a la aparición de nuevos métodos y recursos confeccionan un cóctel innovador que no hace otra cosa que favorecer tanto la enseñanza como el aprendizaje.
El docente debe abrir nuevos horizontes en cuanto a su formación se refiere, debe ponerse al día, y para ello debe tener buenas prácticas, tales como:
- Alfabetización y aceptación: se trata de quitarse el miedo hacia las TIC e introducirse en el mundo que las rodea.
 
- Coordinación interna: todos los implicados en el proceso enseñanza-aprendizaje son protagonistas del mismo, respetando los tiempos de cada uno.
- Coordinación externa: las familias y el entorno escolar han de estar actualizados digitalmente.
- Innovación pedagógica: el profesor debe replantearse su práctica educativa.
- Elaboración de materiales: el docente debe ser capaz de discernir el material multimedia adecuado, el cual ha de ser motivador y sugerente para los alumnos.
- Cooperación docente: hay que dejar paso al trabajo en grupo, dejando atrás sistemas de elaboración de recursos individuales.
- Cooperación del alumnado: en este aspecto el profesor tiene la misión de posibilitar al alumnado el trabajo entre ellos, así como estar receptivo a la intervención del mismo en distintas actividades.
- Evaluación: el docente debe dejar claro el sistema de evaluación, indicando qué partes van a ser evaluadas.
- Apoyo externo: el equipo docente debe estar abierto a la colaboración externa para que el proceso no se detenga y no sea obstaculizado su desarrollo.
- Formación de docentes: ésta ha de ser práctica y sencilla, de tal manera que se vea la necesidad de la misma para afrontar los nuevos retos de la sociedad de la información.
En definitiva, la figura del profesor debe asumir los cambios ineludibles de la sociedad a la que pertenece, de lo contrario estará obviando recursos que van a favorecer el aprendizaje de sus alumnos. Debe estar abierto a los conocimientos con los que el alumnado llega a la escuela, para de esta manera aprovecharse de ellos y mejorarlos, dejando a un lado los prejuicios que atribuyen a esos conocimientos falta de formación y desvirtuación de la realidad.
De otra parte, existen voces que reclaman la desaparición tanto de la escuela como del maestro, reduciendo la información y el conocimiento a material gestionable de forma arbitraria por el individuo que desee hacer uso de los mismos. De esta manera la figura del docente dejaría de existir y la utilización de las nuevas tecnologías ya no sería un recurso, más bien una imposición sujeta a la moda.

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